Seguro que en el occidente de Asturias es donde mejor se mantiene el carácter de esta comunidad cuyo lema sigue siendo “Paraíso natural”. Antes comarca deprimida, los programas de la Comunidad Económica Europea ayudaron a rehabilitar herrerías y mazos, potenciar la artesanía, construir alojamientos de turismo rural y pequeños hoteles con encanto, señalizar rutas y en definitiva, preservar un paisaje para el disfrute de los amantes del turismo tranquilo y de calidad.

Recorriendo la costa

Nuestra ruta empezará por descubrir la costa occidental. Pequeños pueblos agazapados entre acantilados ofrecen una armonía de colores que combinan con su gastronomía marinera. En los puertos, bien protegidos de los embates del Cantábrico, una pequeña flota espera hacerse a la mar a diario para traer merluza del pinchu, pixín, bocartes, parrochas, andariques, bugres y algún tiñosu, una amalgama de pescados y mariscos que en Asturias tienen nombre propio. Los vivos colores de los cascos de las embarcaciones aportan una nota de color a un mar, a veces amable otras enfurecido que juega con las mareas.

Puerto de Viavélez (El Franco)

Cudillero aparece como un anfiteatro sobre el mar. Entre esta población y Luarca, nuestro próximo destino, no debemos perdernos el paisaje que nos ofrece el cabo Vidio y entre las playas, nos quedamos con la del Silencio. Luarca, localidad intelectual y marinera por excelencia, está  presidida por un evocador cementerio, donde descansan los restos de Severo Ochoa, natural de esta villa. Desde este lugar tenemos la mejor perspectiva del puerto y del barrio marinero que lo rodea. Puerto de Vega, es un pequeño pueblo que se extiende a lo largo de la estrecha y profunda ría, antaño muy ligado a la pesca de la ballena. Cerca de Navia se encuentra el interesante Castro de Coaña en el interior y de nuevo en la costa, resulta ineludible un paseo por los pintorescos puertos de Ortiguero y Viavélez. Tapia de Casariego posee unas playas muy apreciadas por los surfistas y cierran la lista de poblaciones:  Figueras de Mar, Castropol, y Vegadeo, las cuales se reflejan en las tranquilas aguas del Eo, límite natural con las tierras gallegas.

Puerto de Vega (Navia)

Taramundi, 30 años de turismo rural

Hace 30 años, esta pequeña población del occidente de Asturias se convertía en el primer ejemplo de turismo de alto standing en un medio rural, al transformar una antigua casona del siglo XVIII en La Rectoral, un encantador hotel de cuatro estrellas. Actualmente, aquella idea fue el detonante que ha hecho renacer toda una comunidad.

Taramundi ha crecido no sólo en cantidad sino también en calidad y lo que es más importante, los artesanos que antes hacían navajas para cuatro turistas dispersos, ahora, sin perder la originalidad, han convertido la artesanía en un negocio. Segundas generaciones se han puesto al frente de restaurantes de cocina tradicional, mazos reconvertidos en museos y pensiones rehabilitadas como hotelitos con encanto.

Taramundi

Un ejemplo de aprovechamiento es Teixois, un mazo del siglo XVIII se ha puesto de nuevo en valor para admiración de propios y extraños. Teixois representa todo lo que un mazo puede ofrecer a la sociedad. Todo empieza por hacer llegar el agua por una canal y su almacenamiento en una balsa. Esta agua se utiliza para poner en marcha un molino y con unos sistemas rudimentarios moler el grano y obtener harina fina para el consumo humano, empleando lo más basto para alimento de los animales. La misma agua se utiliza para mover la piedra de afilar y el batán, para así ablandar lana, lino, pieles, etc; también para alimentar el mazo con sus excéntricas y avivar el fuego de la fragua con aire al utilizar el efecto Venturi. Ahí empieza la labor del hombre el cual, a base de calentar, martillear, enfriar y volver a calentar conseguirá darle la forma y el temple necesario al material ya sea en el yunque o en el martillo del mazo.

Un gran ejemplo de industrialización hace más de 200 años que luego se puede completar en el bar con un culín de sidra acompañada de chorizo casero, o mejor en el restaurante, a base de una excelente fabada o un surtido de carnes a la brasa. Todo ello servido con cariño por Luis Legaspi, su mujer Mª del Carmen Mon y su hija Tania.

Mazo de Os Teixois

Santa Eulalia de Oscos

Pasado el alto de la Garganta de 877 m de altitud, legaremos a Santalla. A un par de kilómetros se encuentra el mazo de Mazonovo, otro complejo industrial del siglo XVIII que aún se mantiene en activo. Pero Santalla nos guarda otras sorpresas. Una de ellas es la de ver como Irene Villar teje las prendas de algodón, seda, lana y lino, en un antiguo telar de madera. Otra es como una pasión, la de los cuchillos, se transformó en una historia de amor entre Jorge Román Toquero y la japonesa Keiko Shimiza. Uno aportó la tradición, la otra la perfección y ahora la pareja se complementa en un pequeño taller –Hyottoko- donde Jorge hace verdaderas obras de arte en cuchillos con las técnicas aprendidas en Japón y Keiko se dedica a reproducir figuras de hierro inspiradas en el arte prehistórico.

Y para digerir todo esto, una bonita excursión de un par de horas ida y vuelta hasta la cascada de Seimeira, una caída de agua de 20 metros para llegar a la cual debemos cruzar el Valle del Desterrado. Castaños centenarios y una curiosa leyenda que pone los pelos de punta acompañarán nuestro recorrido.

Irene Villar en su telar

Grandas de Salime y su Museo Etnográfico

El mayor aliciente de esta población es su Museo Etnográfico, una verdadera maravilla de recuperación temática del mundo rural que se empezó a forjar en 1984. Fue una iniciativa de José Naveiras apodado “Pepe el Ferreiru”. El empezó a recopilar objetos del mundo rural cuando nadie le daba importancia, consciente de que era algo en trance de desaparecer con el paso de los años. El tiempo le dio la razón y actualmente, la colección de objetos que alberga clasificados en temáticas, es de las mejores de España.

Es un museo vivo y podremos ver con un artesano de la madera continua confeccionando platos y enseres de la cocina con un torno de pie. ¡Toda una lección de ingenio!

Museo Etnográfico de Grandas de Salime

En tierras de vinos

Cangas del Narcea siempre fue tierra de vino pero hasta hace unos diez años que no se ha vuelto a recuperar la producción con una calidad constatada. La D.O.P. Cangas se constituyó oficialmente en el 2008; engloba algo más de 80 ha de viñedos que se cultivan en las laderas soleadas de fuerte pendiente y con suelo pizarroso. Hay cinco bodegas inscritas en la Denominación de Origen aunque hay alguna más fuera de la D.O.P. El tipo de uva es el Albarín blanco, Albillo y Moscatel de grano menudo para los blancos y Albarín negro, Carrasquín, Verdejo negro y Mencía para el tinto, unas variedades autóctonas de las que salen vinos con una cierta acidez pero con cuerpo y aroma. En el Museo del Vino situado en el barrio de Santiso podemos conocer la historia del vino en estas tierras desde el tiempo de los romanos hasta la actualidad con todos los procesos de producción empleados. También resulta muy interesante visitar alguna bodega y probar los caldos. ¡No nos dejarán indiferentes!

José Manuel Redondo, de la bodega Monasterio de Corias

Territorio protegido

Los alrededores de Cangas del Narcea constituyen un territorio protegido donde campa el oso y por el que se pueden realizar todo tipo de excursiones por itinerarios señalizados. Por un lado el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, declarado Reserva de la Biosfera, es un territorio tapizado de bosques de hoja caduca los cuales en el otoño ofrecen su mejor versión. Por el otro el bosque de Muniellos declarado Reserva Natural Integral, con una visita restringida a 20 personas diarias, para la cual es preventivo solicitar la reserva con antelación (Tel. 985 279 100 www.asturias.es). Por su extensión constituye el mayor robledal de España y es uno de los mejor conservados de Europa. Desde el Centro de Información de Tablizas parten los dos itinerarios que se pueden realizar y por los que se accede hasta las lagunas de Muniellos. Hay que contar entre 7 y 9 horas según el trayecto elegido.

Río Muniellos

El oso, un valor turístico al alza

En las montañas del occidente de Asturias el oso parece que ha conseguido multiplicarse y así evitar el peligro de extinción que pesaba sobre él. En los años 70 del siglo pasado aún se le perseguía y aunque fuera furtivamente era un orgullo cazarlo. De aquella persecución se ha pasado al extremo opuesto y ahora los paisanos lo admiran y tratan con cierto cariño. El oso cantábrico come frutos, manzanas, hierba, miel y en muy pocas ocasiones ataca al ganado. Eso sí, como es muy llambión como casi todos los asturianos, las colmenas deben protegerse con un cortín, un muro de piedra de unos dos metros de altura que las rodea por completo.

Parece que actualmente puede haber unos 300 osos entre ejemplares adultos y oseznos ya que cada año se calcula que hay unos 50 nacimientos. Sus costumbres y correrías son seguidas por cientos de aficionados al turismo de naturaleza. Su visión en libertad atrae un turismo especializado que monta guardia en determinados lugares provistos de anteojos, prismáticos y teleobjetivos de largo alcance. En resumen, el oso es actualmente una pequeña lotería para el territorio.

Avistamiento de osos

En busca del oro

El río Navelgas es aurífero, eso quiere decir que bateando se pueden encontrar pequeñas pepitas de oro. Cerca del pueblo de Navelgas en el municipio de Tineo, los romanos ya habían explotado una mina con la técnica Ruina Montium (disponer de agua embalsada en lo alto de la montaña, abrir galerías, prender fuego en su interior y arrojar el agua por ellas); el contraste de temperatura provocaba el derrumbe y luego sólo había que tamizar toda la tierra arrastrada pero para ello ya había esclavos, eso sí, vigilados de cerca. En el MOA (Museo del Oro de Asturias) se puede descubrir todo eso y mucho más, como las cualidades de este metal, su relación con las distintas culturas del mundo y los concursos internacionales de bateadores que se organizan por todo el planeta, donde los de Navelgas se distinguen por su gran destreza.

Museo del Oro de Asturias en Navelgas

Un deporte curioso

Y para finalizar nuestro recorrido por el occidente, en Tineo se practica un juego de bolos que ha sido catalogado como los más curiosos de Europa, sobretodo por la forma de jugarlo y por lo antiguo de su práctica. El Bolo de Tineo se juega con una bola de madera que cada jugador estampa contra los 20 bolos de 16 cm apostados en una superficie ligeramente inclinada situada entre 4 y 6 metros del lanzador. La habilidad de este consiste en tirar el máximo número de bolos y a la vez, conseguir desplazar alguno de ellos a una distancia mayor de 25 m. Fuerza y destreza a partes iguales entre culín y culín de sidra. Vale la pena visitar la bolera situada en lo alto de San Roque, disfrutar con las vistas del valle y quién sabe, si con un poco de suerte, echar una partida de bolos. En el mejor de los casos, departir con los paisanos en el bar es tarea mucho más fácil.

Bolo celta en Tineo

Texto y fotos: Jordi Bastart, periodista de turismo (C)
Fuente Turismo Asturias (C)